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Toma de posesión

Palabras en mi toma de posesión como Decano de la Facultad de Educación y Trabajo Social

Este es un momento especialmente feliz y significativo para cualquiera que esté en mi lugar. Lo es, también, para mí. Y doblemente… Porque, a la importancia del momento, se une el hecho de no haber nacido en este país, de no haber realizado mi carrera en esta Universidad. Ambos me acogieron hace ya treinta años. Y no sólo han contribuido a que creciera como persona y como profesional… sino que me han permitido alcanzar este momento, reservado para unos pocos. Si estoy aquí hoy -y lo digo con mucho orgullo- es por haber sido reelegido como Decano de la Facultad de Educación y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid. !Quién me lo iba a decir!!

Hace cuatro años, en esta misma Sala, tomaba posesión de este cargo por primera vez. En aquella ocasión, mi Programa había sido sólo una apuesta, y llegué a pensar, incluso, que, como el Quijote, los votantes de mi Facultad no estaban en su sano juicio. Hace unos días, tras cuatro años de una gestión especialmente dura, mis compañeros y compañeras de la Facultad de Educación y Trabajo Social me han demostrado que, incluso conociéndome, querían volver a confiar en mí. Y eso es, os lo aseguro, especialmente gratificante. Porque significaba -o al menos eso quise creer- que se habían sentido identificados con mis objetivos, y que había conseguido ilusionarlos con mi proyecto y con el modelo de Facultad que les proponía. Por eso me siento hoy doblemente complacido y feliz.

Pero, si eso ha sido posible, ha sido gracias a todos vosotros y vosotras, que me habéis animado y apoyado, y que volvéis a mostrarme vuestro apoyo con vuestra presencia hoy aquí. Gracias a todos y a todas.

Gracias a las autoridades académicas: Sr. Rector, Sra. Secretaria General, Sras. y Sres. Vicerrectores, Sra. Defensora de la Comunidad Universitaria, Decanos y Decanas de distintas Facultades, Directores y Directoras de Escuelas y de Departamentos. En especial a Carmen, la Directora de mi Departamento.

Gracias a mis compañeros y compañeras de la Facultad y del Departamento, por enseñarme TANTO.

Gracias a las muchas personas del Personal de Administración y Servicios que se han acercado hasta aquí y a los que me han hecho llegar sus felicitaciones a lo largo de estos días. Es vuestro trabajo el que permite que podamos dedicarnos a la tarea educativa!

Gracias a los estudiantes, por ese apoyo constante e incondicional. Sin vosotros, ni siquiera existiríamos!

Gracias a los amigos y amigas por estar ahí SIEMPRE. Como sois amigos y amigas sé que entenderéis que destaco hoy a uno por su especial relevancia en lo que significa este acto. D. Mario Bedera Bravo, Ex-Secretario de Estado de Educación y Formación Profesional. Gracias por su presencia y por no fallar NUNCA.

No quiero extenderme, pero necesito agradecer especialmente a mi equipo de magníficos, con Julia, nuestra secretaria, a la cabeza. Vosotros habéis apostado por mí, me habéis traído hasta aquí y sé que estáis dispuestos a seguir acompañándome en este camino que hoy empieza. No hay palabras -ni dinero, desde luego- para agradeceros tanta entrega.

También, a mi mujer, por tantos años y por tantas cosas. Y en estos últimos años, sobre todo, por tu comprensión y por hacerme fácil la vida para que yo pueda dedicarme a esta tarea.

Sólo un último agradecimiento, tan obligado como sentido. Gracias Sra. Directora General de Innovación y Equidad Educativa de la Junta de Castilla y León. No sólo por su presencia hoy aquí, algo que considero un lujo y un inestimable honor, sino por no faltar a ninguna de nuestras citas y por apoyar todos y cada uno de nuestros proyectos. Personal, e Institucionalmente en nombre de la Facultad de Educación y Trabajo Social quiero decirle que con Usted tenemos una deuda que en modo alguno considero saldada con estas palabras.

Dirigir los pasos de la Facultad de Educación y Trabajo Social es un reto. Y más en estos duros momentos. Pero también un lujo. Por la responsabilidad profesional y social que supone asumir la tarea de capacitar a profesionales de la docencia y del trabajo social. Estoy convencido de que caminar en la dirección adecuada, imprimiendo un ritmo estimulante para todos los sectores que componen la vida académica de la Facultad sólo puede hacerse convirtiendo nuestro Centro en un espacio de participación, plural y abierto, involucrado con una educación de calidad y atenta a los problemas de nuestra sociedad. En esa tarea seguimos embarcados desde este momento. Mark Twain dijo una vez que un hombre con una idea diferente es un loco hasta que esa idea triunfa. Yo os pido poder contar con todos y cada uno de vosotros y vosotras para hacer que triunfe esa idea de la Facultad con la que soñamos en la FEyTS.

Y para eso, Sr. Rector, necesitamos -y mucho- su apoyo… y el de su equipo. Y, sobre todo, su comprensión desde una mirada algo más benévola y desde luego menos crítica. Lo pedía hace apenas unos días en esta misma Sala el Sr. Decano de la Facultad de Derecho en su toma de posesión. Yo también quiero reivindicar hoy nuestra singularidad, y nuestra importancia.

Somos conscientes de que no generamos los ingresos económicos que otras Facultades. Pero no mire Usted nuestros ingressus, sino nuestros egressus: educadores y educadoras, trabajadores y trabajadoras sociales. Siempre, pero especialmente en estos tiempos difíciles, los únicos capaces de asegurarnos un futuro mejor. No digo un futuro económicamente más próspero, sino un mejor futuro. Y eso sólo se consigue con el compromiso de entrega de todos y cada uno de nuestros egresados y egresadas.

Educación y Trabajo Social. Estoy seguro de que, como nosotros, y aunque sea muy en el fondo, Usted también está convencido de que son dos ámbitos en los que este país necesita que se siga trabajando sin descanso. ¿Quién que dirija una mirada algo atenta a su alrededor puede dudar de que los egresados de la Facultad de Educación y Trabajo Social son más necesarios que nunca?  Se lo digo con el más profundo respeto: nuestros egresados y egresadas son los mejores instrumentos para conseguir una sociedad más instruida, y también más justa y más equitativa. No olvide Usted que lo que resulte de estos tiempos dependerá de nuestros egresados y egresadas, de su hambre de justicia social, y de su pasión por enseñar.

Los que trabajamos en la Facultad de Educación y Trabajo Social y la sentimos como algo propio estamos acostumbrados a soñar. Por eso, como su representante hoy aquí, y rodeado de todos estos amigos y amigas, le invito Sr. Rector a acercarse a nosotros para soñar, juntos, un sueño nuevo… Con la mirada puesta en esta realidad que nos atenaza tanto a Usted como a nosotros, por supuesto, pero también con ambición; con humildad, pero también con optimismo. Y, sobre todo, con confianza en que obtendremos los mejores resultados.  Dénos alas… y confíe en nosotros.

Con su apoyo, y el de su equipo, yo le digo hoy que somos capaces de lograrlo. Y si ello ocurre así, la Facultad, la Universidad, la sociedad y cada uno de nosotros saldremos fortalecidos.

Muchas gracias


Invitación

_TomaPosesión


Gracias, FEyTS

Este es un momento especialmente grato y significativo para cualquiera que esté en mi lugar. Lo es, también, para mí. Y doblemente. Porque a la importancia de la circunstancia, de la situación y del momento se une el hecho de no haber nacido en este país, de no haber realizado mi carrera en esta Universidad. Ambos me acogieron hace casi ya treinta años. Y han contribuido a que crezca como persona y como profesional… y a alcanzar por segunda vez -lo que resulta más gratificante si cabe- esta enorme distinción, reservada para unos pocos: ser reelegido como Decano de la Facultad de Educación y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid. Por eso me siento hoy doblemente complacido y feliz.

Soy consciente de que si ello es hoy una realidad ha sido gracias a todos y todas las que conforman nuestra comunidad educativa. Vosotros y vosotras me habéis animado y apoyado una y otra vez. Gracias a todos y todas. Especialmente, a quienes desde la Junta de Facultad, han confiado en mí y creído en que puedo continuar otros cuatro años al frente de nuestra casa común. Gracias por vuestro apoyo incondicional. De manera particular, a nuestros y nuestras estudiantes; sin cuyo respaldo hoy no estaría aquí. Os aseguro que es lo que más valoro como persona y, sobre todo, como Maestro. Gracias a todos y todas: profesores, estudiantes, personal de administración y servicios, colaboradores, amigos, egresados, profesorado jubilado, personal laboral, de reprografía, de mantenimiento, de limpieza, de cafetería… Con vosotros y vosotras tengo una deuda que en modo alguno considero saldada con estas palabras y que confío en poder honrar con mis decisiones y con mis acciones. La tengo, incluso, con aquellos que no han apoyado mi candidatura. Como he demostrado, creo firmemente en la divergencia de opiniones y en la convivencia democrática, así que con vosotros y vosotras contraigo tal vez mi mayor compromiso: conseguir ilusionaros con mi proyecto a lo largo del recorrido.

Gracias, especialmente, a quienes me han acompañado durante estos primeros cuatro años, a mi equipo de magníficos. Vosotros y vosotras me habéis traído hasta aquí y sé que estáis dispuestos a seguir acompañándome en este camino que hoy empieza. Gracias por vuestro compromiso, por vuestra entrega y por hacerme tan fácil la tarea diaria. Y como de eso se trata, muchas gracias, cómo no, a la mano derecha -y a veces también izquierda- de quienes conformamos el equipo decanal.

Dirigir los pasos de la Facultad de Educación y Trabajo Social es un reto. Y más en estos duros momentos. Pero también un lujo. Por la responsabilidad profesional y social que supone asumir la tarea de capacitar para el futuro a profesionales de la docencia y del trabajo social. Estoy convencido de que caminar en la dirección adecuada, imprimiendo un ritmo estimulante para todos los sectores que componen la vida académica de la Facultad sólo puede hacerse convirtiendo nuestro Centro en un espacio de participación, plural y abierto, involucrado con una educación de calidad y atento a los problemas de nuestra sociedad. En esa tarea estaremos embarcados desde este momento. Mark Twain dijo una vez que un hombre con una idea diferente es un loco hasta que esa idea triunfa. Personalmente, os agradezco el poder contar con vosotros y vosotras para hacer que triunfe esa idea de la Facultad con la que soñamos. Por delante, otros cuatro años… Os invito a enfrentarlos juntos, con la misma ilusión y con el mismo nivel de compromiso.


Tú decides…

Estimada compañera. Estimado compañero:

En mi deseo de respetar la jornada del lunes, me dirijo a ti antes de las elecciones del próximo martes. Y lo hago, por una parte, para invitarte a visitar la página web de mi Programa: www.carlosmoriyon.es, donde podrás encontrar información sobre las ideas y las líneas de acción que constituyen las bases de mi candidatura a la reelección al Decanato de nuestra Facultad. Y, por otro, para decirte que, si he decidido aceptar nuevamente este reto, es porque me considero preparado para afrontarlo y porque estoy dispuesto, no a conseguir todas las propuestas que hago en mi Programa, pero sí, por lo menos, a trabajar incansablemente para ello. Por ese motivo, confío en que mi propuesta de una Facultad moderna, activa, fértil, comprometida con su proyecto y con su entorno, y estimulante para todos y todas te convenza y te ilusione tanto como a mí.

Capacidad, Cercanía, Confianza, Compromiso… No son sólo palabras, sino la huella que he querido que imprimiera mi paso por el Decanato durante estos últimos años. A ellas sumo hoy una nueva: Experiencia, ésa que me han dado cuatro años que todas y todos reconocemos como especialmente difíciles y que me permiten afrontar hoy, con ciertas garantías de éxito, nuestros nuevos retos.

Cuento contigo para la construcción colectiva de esa Facultad que queremos. Como ayer, mi compromiso de hoy es únicamente con ella… y, muy especialmente, contigo: trabajar incansablemente en la construcción de la Facultad con la que soñamos.

Un cordial saludo,

Carlos Moriyón Mojica


Se necesitan maestr@s

Se necesitan maestr@s
Antonio Pérez Esclarín. Centro de Formación Padre Joaquín, de Fe y Alegría. Venezuela.

La educación está adquiriendo una importancia cada vez mayor en todo el mundo, pues se la considera el elemento clave para abatir la pobreza, aumentar la productividad y formar personas autónomas y ciudadanos honestos y responsables. La educación puede formar personas egoístas o solidarias, convertir a los alumnos en asesinos o en santos, enseñar a ver a los otros como rivales y enemigos, o como compañeros y hermanos. De ahí la nobleza de la educación, pues es o puede llegar a ser la tarea humanizadora por excelencia, el medio privilegiado para que cada persona se plantee y alcance una vida en plenitud. En la actual sociedad del conocimiento y en este nuestro siglo del saber, la carrera económica, cultural y geopolítica pasa a ser una carrera entre sistemas educativos. La fortaleza de un país radica en el grado de educación de sus habitantes. La educación es la suprema contribución al futuro del mundo actual, puesto que tiene que contribuir a prevenir la violencia, la intolerancia, la pobreza, el egoísmo y la ignorancia. Una población bien educada e informada es crucial si se quiere tener democracias prósperas y comunidades fuertes. La educación es el pasaporte a un mañana mejor.

Si realmente estamos convencidos de que la educación es el pasaporte al mañana, la condición de cultura, libertad, dignidad, clave de la democracia política, del crecimiento económico y de la equidad social, debería ocupar el primer lugar entre las preocupaciones públicas y entre los esfuerzos nacionales. Si es un derecho, es también un deber de todos. De ahí la necesidad de asumir la educación como tarea de todos, como proyecto nacional, objeto de consensos sociales, amplios y duraderos. El Estado debería liderar la puesta en marcha de un verdadero proyecto educativo, en coherencia con el proyecto de país que queremos, capaz de movilizar las energías creadoras y el entusiasmo de toda la sociedad. Si realmente estamos convencidos de la importancia de la educación, de que es el arma fundamental del progreso, deberíamos asumir una economía de guerra en pro de la educación. Guerra frontal contra la ignorancia, contra la pobreza, contra la ineficiencia, contra la retórica, contra la mediocridad. Hay que convertir las proclamas y buenas intenciones, en políticas. Hay que superar la mentalidad clientelar y politiquera, y convocar a las mentes más preclaras y a los que han demostrado con hechos que, desde hace tiempo, les viene preocupando la educación y tienen algo concreto que aportar. No puede ser que los cargos en educación se sigan otorgando como pagos por favores y fidelidades políticas. Esto equivale a seguir apostando a la derrota.

El liderazgo de los educadores

El problema educativo es tan serio y tan grave, que no podemos darnos el lujo de prescindir de nadie. Todos somos necesarios para resolverlo. Pero deben ser los educadores los protagonistas de los cambios educativos necesarios. Hoy todo el mundo está de acuerdo en que, si queremos una educación de calidad, necesitamos educadores de calidad, capaces de liderar las transformaciones necesarias. Ninguna reforma educativa ha triunfado en el mundo si los educadores no la han asumido con entusiasmo y creatividad.

Para asumir el protagonismo que les corresponde, los educadores deben transformar profundamente el rol que desempeñan. Ya no pueden percibirse como meros dadores de clases o como cuidadores de niños y de jóvenes mientras sus padres trabajan, sino como educadores socialmente comprometidos con el país, que convierten las aulas y centros educativos en lugares de trabajo, participación, formación y producción. Necesitamos educadores sólidamente formados, que entiendan que su misión primordial es estimular el aprendizaje y formación de sus alumnos, de todos sus alumnos, y que el fracaso de sus alumnos implica su propio fracaso.

Necesitamos, en definitiva, MAESTROS. Tenemos muchos licenciados, profesores y hasta magisters, pero escasean cada vez más los maestros: hombres y mujeres que encarnen estilos de vida, ideales, modos de realización humana. Personas orgullosas y felices de ser maestros, que asumen su profesión como una tarea humanizadora, vivificante, como un proceso de desinstalación y de ruptura con las prácticas rutinarias. Que buscan la formación continua ya no para acaparar títulos, credenciales y diplomas, y de esta forma creerse superiores, sino para servir mejor a los alumnos, capaces, por ello, de liberarse de la seducción de los papeles y de la enfermedad de la titulitis.

Maestros que ayudan a buscar conocimientos sin imponerlos, que guían las mentes sin moldearlas, que facilitan una relación progresiva con la verdad y viven su tarea como una aventura humanizadora en colaboración con otros. Maestros comprometidos con revitalizar la sociedad, empeñados en superar mediante la educación la actual crisis de civilización y la crisis de país que estamos sufriendo, capaces de reflexionar y de aprender permanentemente de su hacer pedagógico, y que se responsabilizan por los resultados de su trabajo. Maestros preparados y dispuestos para liderar los cambios necesarios, que se esfuerzan cada día por ser mejores, y por mejorar la educación y la sociedad.

Maestros que se conciben como educadores de humanidad, no ya de una materia, sino de un proyecto, de unos valores, de una forma de ser y de sentir. Ser maestro, educador, es algo más complejo, sublime e importante que enseñar matemáticas, biología, lectoescritura, electricidad o inglés. Educar es alumbrar personas autónomas, libres y solidarias, dar la mano, ofrecer los propios ojos para que otros puedan mirar la realidad sin miedo. El quehacer del educador es misión y no simplemente profesión. Implica no sólo dedicar horas, sino dedicar alma. Exige no sólo ocupación, sino vocación. El educador está dispuesto no sólo a dar tiempo, sino a darse.

Cuentan que una vez entró un niño en el taller de un escritor. Y con la curiosidad de todos los niños, estuvo por un largo rato disfrutando de todas las cosas maravillosas que había en ese taller: martillos, formones, troncos de madera, bocetos, esculturas a medio hacer, otras ya listas…Pero lo que más le impresionó a ese niño fue ver una enorme piedra en el centro del taller. Era una piedra tosca, desigual. Todavía tenía los fogonazos de las cargas de dinamita con que la habían arrancado en la montaña, y tenía también las magulladuras de las cadenas de la gandola que la había traído desde la lejana sierra hasta el centro del taller. El niño estuvo acariciando la piedra largo rato con sus ojos y se fue. Volvió el niño a los pocos meses y vio que, en lugar de esa piedrota que él tanto había admirado, se erguía un hermosísimo caballo que parecía quererse liberar de la fijeza de la estatua y ponerse a galopar por la sabana. Entonces el niño se dirigió al escultor y le preguntó: ¿Y cómo sabías tú que, dentro de esa piedra, se escondía ese caballo?

Educar viene de la palabra latina educere, que significa sacar de adentro. Es educador quien no ve en cada alumno la piedra tosca y desigual que vemos los demás, sino la obra de arte que se encuentra adentro, y entiende su misión como el que ayuda a limar las asperezas, a curar las magulladuras, el que contribuye a que aflore el ser maravilloso que todos llevamos en potencia. ¡Cómo cambia la relación educativa si cada mañana el educador se dirige a un salón de clases convencido de que allí le están esperando 30, 35, 40 obras de arte, verdaderos tesoros, todos distintos, pero todos igualmente maravillosos.

La educación implica una tarea de liberación y de responsabilización. El educador tiene una irrenunciable misión de partero de la personalidad y del espíritu. Es alguien que entiende y asume la transcendencia de su misión, consciente de que no se agota con impartir conocimientos o propiciar el desarrollo de habilidades y destrezas, sino que se dirige a formar personas, a enseñar a vivir con autenticidad, con sentido y con proyecto, con valores definidos, con realidades, incógnitas y esperanzas.

La vocación docente reclama, por consiguiente, algo más importante que títulos, diplomas, conocimientos y técnicas. Formar personas sólo es posible desde la libertad ofrendada y desde el amor que crea seguridad y abre al futuro. Cuando un maestro vive su diaria tarea no como un saber, que le crea un poder, o como una función que tiene que cumplir, sino como una capacidad que le obliga a un servicio, está no sólo ayudando a adquirir determinados conocimientos y destrezas, sino que está dando sentido a su misión, está educando, está ayudando a ser.

Esto presupone una madurez honda, una coherencia de vida y de palabra. Y esta coherencia es imposible sin un permanente cuestionamiento y cuidado del propio proyecto de vida. Sólo quien reconoce sus limitaciones, sus propias contradicciones, sus carencias, y las acepta como propuestas de superación, de crecimiento, es decir de formación, será capaz de recibir amor y por ello podrá darlo. Será capaz de aprender y por ello de enseñar. El que cree que lo sabe todo, el que se coloca con autosuficiencia frente a los alumnos, el que piensa que no necesita de los demás, será incapaz de establecer una verdadera relación comunicativa, será incapaz de entender la necesidad de su propia educación, será por ello, incapaz de educar.

Sin estos maestros con esperanza en el ser humano, actitud abierta y solidaria, compasión efectiva, sentido crítico frente a lo dado y búsqueda de un ejercicio de la libertad responsable, no hay esperanza para la educación.

Ser maestro es la profesión más importante y más digna

Si ninguna otra profesión tiene, a la larga, consecuencias tan importantes para el futuro de la humanidad como la profesión de maestro, la sociedad debería abocarse a considerar esta profesión de un modo tan especial que los mejores ciudadanos la sintieran atractiva. Resulta muy incoherente alabar en teoría la labor de los maestros y maltratarlos en la práctica. La sociedad exige mucho a los maestros y les da muy poco. Se les exige incluso que tengan éxito en asuntos como la enseñanza de valores, en los que las familias, las iglesias y la sociedad han fracasado estrepitosamente. Conseguir un buen maestro es la mejor lotería que a uno le puede tocar en la vida. Todo el mundo desearía el mejor maestro para sus hijos, pero muy pocos quieren que sus hijos sean maestros, lo que evidencia la contradicción que reconoce por un lado la importancia transcendental de los maestros, pero por el otro, los desvaloriza y los trata como a profesionales de segunda o tercera categoría. Si queremos que la educación contribuya a acabar con la pobreza, primero debemos acabar con la pobreza de la educación y con la pobreza de los educadores.

Aunque resulta imprescindible, no es suficiente, sin embargo, pagar bien a los maestros para transformar la educación. Es urgente que, junto a esta política de remunerar apropiadamente a los educadores, emprendamos una verdadera cruzada formativa que transforme las prácticas de formación inicial de las universidades y pedagógicos y promueva la formación permanente en los propios centros educativos.

Una genuina propuesta formativa debe orientarse a formar la identidad y personalidad del educador, a proporcionarle herramientas y actitudes que le permitan y estimulen a seguir aprendiendo siempre, y lo capacite para ser un profesional de la reflexión, capaz de convertir el ejercicio de la docencia en una práctica de aprendizaje permanente.